En ocasión de la entrega de las cenizas del Inca Garcilaso de la Vega a la catedral del Qosqo, la capital histórica del Perú y la capital del Imperio Incaico del Tahuantinsuyo, que ahora damos en llamar Cusco, Su Majestad Juan Carlos I de España dijo el 25 de noviembre de 1978:
"Al entregaros hoy estas cenizas del Inca Garcilaso de la Vega, como Rey de España y en nombre de mi patria, quiero hacer patente esa nuestra solidaridad mestiza y el compromiso que ello representa. Más que de una dimensión biológica, se trata además, y sobre todo, de una vigencia cultural."[1]
Es pues muy significativo lo que el rey Juan Carlos I de España dijera, en ese mismo sentido, en la antedicha oportunidad en el Qosqo:
“Un pueblo como el español, veterano durante siglos de mestizajes biológicos y culturales en su propio solar, trasladaba sus tradiciones vitales al nuevo mundo recién descubierto. Y a su impulso un nuevo hombre nacía, en América, como promesa singular y fecunda.”[1]
De una manera muy lúcida y real, Su Majestad, el Rey de España, continuó observando:
“Pero Garcilaso recoge también las primeras notas del trauma que acompañó al mestizaje. Asoman en sus Comentarios la violencia y la injusticia, que otros denunciarían con mayor pasión, en polémicas que se hicieron famosas.
El mestizaje se consumó en el dolor y la grandeza, notas que conviene en justicia señalar. Pero con el mismo rigor importa decir que, si el dolor acompañó a toda conquista, la grandeza, por regla general, estuvo históricamente ausente. En la de América, no.
Como toda obra humana, la de España en América será siempre objeto de elogios y críticas acerbas. La polémica no se ha cerrado. A la España de hoy, que mira el futuro, pero que no renuncia a su pasado, le resulta ajena, tanto la mitificación a favor como la contraria. No se reconoce en ninguna de ellas.
Pero proclama, en cambio, fe en el mestizaje resultante, del que se siente parte, como una nación hermana más.”
Nuestra augusta Orden tiene una tarea importantísima por cumplir en una incorporación paulatina de nuevos miembros y eslabones de nuestra cadena fraternal, cuyo valor cualitativo, represente un verdadero proceso de transformación y perfeccionamiento, en tanto individuos y como sociedad de hombres libres y de buenas costumbres. La tarea no es sólo de las autoridades de las RR:. LL:. SS:. ni aún de la propia G:.L:. del Perú sino de todos los Hermanos en el puesto que nos corresponde en las canteras y para la construcción del Gran Templo Universal, siempre dispuestos a aprender, cultivando el compañerismo y ejerciendo la docencia, con un esfuerzo constante y sostenido, por la reeducación de esa misma humanidad que nosotros integramos y conformamos.




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